domingo, 4 de octubre de 2009

PR-S 51 "Tradición Pesquera y Fuertes Napoleónicos"


DATOS BÁSICOS
Inicio: Fuerte de San Martín.
Tipo de marcha: Circular.
Distancia total: 8,5 km.
Dificultad: Baja.
Desnivel: Unos 160 metros.
Tiempo: Dos horas y media.
Accesos y servicios:Parking en el paseo marítimo de Santoña.
Conectividad con otras sendas:
Conexión con los otros cuatro
itinerarios de la Red de Sendas del Monte Buciero.

Itinerario de escasa dificultad por el entorno del núcleo de Santoña que permite recorrer las principales fortificaciones de la época napoleónica y años posteriores (tres fuertes, dos polvorines y dos baterías). Conoce in situ la secular tradición marinera de la villa (puerto pesquero, industrias conserveras, pasaje marítimo) y aproximarse a los valiosos ecosistemas de marisma y encinar costero. La senda parte del final del paseo marítimo, junto al Fuerte de San Martín, cuya construcción actual, que data de 1863, se alza majestuosa sobre la bahía de Santoña, y que, junto al cercano fuerte de San Carlos, defendía la entrada de la bahía de posibles incursiones de tropas enemigas. El uso de este estratégico lugar es muy anterior, pues ya a comienzos del S. XVII los santoñeses habían erigido una fortificación para la defensa de la villa. Tras ascender por unas escaleras que nacen bajo el fuerte se llega a un cruce, donde se debe tomar el ramal de la derecha, dirigiéndose el de la izquierda al Fuerte del Mazo, camino que se tomará posteriormente. A escasos metros aparece otro cruce, en el cual se vuelve a girar a la derecha, dirección Fuerte San Carlos.
En la misma bifurcación, se pueden admirar las dos baterías de Galbanes, la alta junto a la carretera, y la baja, sobre el pasaje marítimo. Localizadas entre ambos fuertes, servían de apoyo y completaban el sistema defensivo que cubría la entrada a la bahía y su fondeadero interior.
A menos de un kilómetro del anterior Fuerte, se alcanza el Fuerte de San Carlos. La fortificación se edifica en 1688 sobre el Castillo de Torrecilla, que las fuentes datan en tiempos de Felipe II. Tras numerosas reformas en el S. XVIII, tuvo un uso muy destacado en tiempos napoleónicos, proviniendo su estado actual de la reforma de 1859.
Desde este punto se debe de retornar nuevamente al Fuerte de San Martín, desde el cual tomamos el ramal de la carretera que asciende al Fuerte del Mazo. A una centena de metros se alcanza la Batería Alta de San Martín, gran explanada desde la que se protegía al Fuerte de San Martín y donde todavía son perfectamente visibles los soportes en los que se instalaron los cañones. Prosiguiendo el recorrido, la pista se interna en el valioso encinar cantábrico relicto del Buciero, llegando al Mirador de Casablanca, a medio camino entre los dos fuertes, con unas excelentes vistas sobre Santoña y el estuario del Asón.
Tras un kilómetro y medio ascendiendo por la pista, alcanzamos el Fuerte del Mazo y el Polvorín del Helechal, localizado en un lugar resguardado para evitar impactos de proyectiles enemigos. El Fuerte del Mazo, recibe también erróneamente el nombre de Fuerte de Napoleón, motivado por la transmisión popular del nombre del Fuerte Imperial de Napoleón, construido simultáneamente al del Mazo y demolido a principios del S. XX para la construcción de los edificios que ahora constituyen el Penal del Dueso. Retomando la senda, habrá que dirigirse al Barrio del Dueso, continuando de frente por la pista asfaltada tras el pequeño desvío al Fuerte. Se desciende paulatinamente, ignorando un ramal que nace a la derecha 500 metros después. Tras otro medio kilómetro, se llega al barrio del Dueso, donde se podrá observar el Polvorín del Dueso, en este caso edificado con la función de abastecer al derruido Fuerte Imperial.
A continuación, desde la pequeña plaza con un área de recreo infantil y unas pistas deportivas, se continúa descendiendo, girando a la izquierda y siguiendo la carretera hasta salir del Dueso y finalizar en un cruce, donde se deberá tomar el desvío de la izquierda. Siguiendo esta carretera, se deja atrás la cantera del Sorbal, continuando unos metros hasta que, a la derecha, junto a un muro de piedra, nacen unas escondidas escaleras.
Bajando por ellas, enseguida se accede a un pequeño sendero de tierra que transcurre junto al perímetro de la Marisma de Sorbal. Se trata de un humedal de agua dulce que se alimenta de las aguas subterráneas del Buciero, a cuyo pie se asienta.
La senda, que discurre entre carrizos y otras especies propias del ecosistema marismeño, finaliza junto a la carretera nacional. En este punto, se vira a la derecha, avanzando 30 metros por el arcén hasta cruzar con sumo cuidado la carretera e introducirnos en el polígono industrial, donde transitando por su perímetro exterior, junto al mar, se observará por un lado la mayor concentración de industria de fabricación de anchoas de España y por otro, excelentes vistas sobre todas las Marismas y el estuario del Asón.
Continuando por el borde exterior del polígono, se alcanza la carretera autonómica CA-241, que atraviesa la Marisma. Siguiendo a la izquierda enseguida se llega al singular y tradicional Puerto Pesquero, con su lonja y el recientemente instalado Mirador de las Marismas con forma de proa de barco. Es en el entorno del puerto, uno de los más emblemáticos y de mayor tradición de la península, donde mejor se puede admirar el gran peso que la pesca y todas las actividades relacionadas con ella siguen manteniendo en la villa marinera. Es por ello muy recomendable el paseo por el puerto y tomarse unos minutos para admirar su entorno desde el mirador.Del entorno del puerto parte el agradable pasaje marítimo que "inducirá al senderista al Fuerte San Martín en unos 20 minutos. Así, bordeando la Plaza de Toros (construida en 1907), se sigue caminando por el pasaje, lo que permite observar la playa de San Martín (a los pies del paseo), las tradicionales actividades de marisqueo, el Monumento a Juan de la Cosa, insigne marinero oriundo de la villa y autor del primer mapamundi, o el embarcadero que une Santoña con Laredo. Así, finalmente llegamos al punto de partida, bajo el Fuerte San Martín. da tradición pesquera y fuertes napoleónicos.
Toda la información se ha obtenido de la página web de la Oficina de Turismo de Santoña.
PR-S 50 "Culminaciones del Buciero"


DATOS BÁSICOS
Inicio: Fuerte del Mazo.
Tipo de marcha: Circular.
Distancia total: 8,5 km.
Dificultad: Media-alta.
Desnivel: Unos 300 metros.
Tiempo: Cuatro horas y media.
Accesos:Desde el Fuerte de
San Martín a través de una
estrecha carretera que conecta
con el Fuerte del Mazo.
Conectividad con otras sendas:
Conexión con los otros cuatro itinerarios
de la Red de Sendas del Monte Buciero.


Observaciones: Alternativa de descenso de la Atalaya: El descenso al camino circular puede resultar peligroso los días en los que el terreno se encuentre embarrado, existiendo una alternativa consistente en desandar hasta el collado anterior al ascenso a la Atalaya y tomar un desvío señalizado, alcanzando tras 1,3 km de descenso Cuatro Caminos, donde se vuelve a retomar la senda.

Itinerario circular que incluye el ascenso a las tres principales cumbres, Peña Ganzo, Buciero y la Atalaya, todas por encima de los 300 metros, y que posibilita la contemplación de sus excepcionales vistas panorámicas. Además, permite conocer los principales ecosistemas presentes en el Monte (encinar costero relicto, acantilados, karst, zonas de cumbres), áreas donde aparecen singularidades botánicas en esta "isla" de bosque mediterráneo (entorno de la mina de hierro abandonada), así como elementos patrimoniales de elevado valor (Atalaya, Fuerte del Mazo).
La senda comienza en el Fuerte del Mazo, a unos 2 kilómetros de Santoña, construido por los ingenieros napoleónicos tras ser tomada la península por un ejército de 4.000 hombres. Desde este punto se toma la pista asfaltada que a la izquierda se dirige a El Dueso. A la derecha se observa el antiguo Polvorín El Helechal, que abastecía al Fuerte del Mazo. Se continúa por la pista hasta que, a menos de medio kilómetro aproximadamente, hay que desviarse por otra pista asfaltada ascendente que se dirige al paraje conocido como Yusa, zona donde se localizan varias explotaciones ganaderas. En la confluencia entre los espacios ganaderos y el encinar aparecen las orlas forestales, espacios de transición y frontera entre los ecosistemas de prados y las masas forestales y que cumple la función de cobijo, zona de alimentación y refugio para varias especies faunísticas. Justo antes de llegar al fin de la pista asfaltada, hay que virar en un camino de tierra que nace a la derecha. Tras sortear un cierre para el ganado, llegamos a una pequeña campa.
En la parte superior derecha de este pequeño claro continúa el ascenso a través del valioso bosque, donde aparecen encinas, laureles o madroños. Tras obviar una senda a la derecha, se continúa ascendiendo por el zigzagueante camino, pudiendo observar ya cerca de la cumbre un singular abrigo en la roca caliza. Finalmente, se alcanza la cumbre (312 metros), sobre la cual se asienta el puesto circular de vigilancia de la Atalaya, cuya estructura actual data del S. XIX. Las vistas panorámicas desde este excepcional mirador natural (se tienen referencias de su uso como oteadero de ballenas ya en el S. XI) son inmejorables.
Desde este punto, se sigue un pequeño sendero que nace al lado contrario del lugar por donde se alcanzó la cumbre, internándose a continuación en un bosque muy tupido y denso. El angosto camino desciende raudo la pendiente totalmente encerrado entre encinas, laureles, madroños y multitud de enredaderas y plantas trepadoras, conectando finalmente con el camino circular que circunvala el monte, (ver en Observaciones: Alternativa de descenso de la Atalaya si este tramo de camino se encuentra muy embarrado y resbaladizo).
Continuando a la derecha llegamos a Cuatro Caminos, donde, a menos que se quiera visitar a la izquierda la Batería de San Felipe y el Faro del Caballo, se seguirá de frente por un hermoso camino que atraviesa el encinar hasta la Casa de la Leña, donde se pueden admirar los espectaculares acantilados y la Peña del Fraile. Para dirigirse hacia Peña Ganzo y el Buciero, se tomará un desvío a unos 50 metros de este emplazamiento. El camino se va internando en el bosque, atravesando un singular "desfiladero", percibiéndose cómo progresivamente varía la composición de la frondosa masa forestal por la que se transita. Este hecho viene motivado por la localización en esta zona, a comienzos del S. XIX, de una mina de hierro a cielo abierto.
Al ser abandonada, las especies atlánticas (avellano, roble, acebo, haya), más adaptadas a las condiciones climáticas actuales, sustituyeron en gran medida a la vegetación preexistente de carácter mediterráneo. Aún son visibles a lo largo del camino pequeñas catas, vestigios de la antigua actividad minera que acabó con la vegetación original.
Siguiendo la senda, se alcanza el singular "Valle de los Avellanos", dolina ocupada casi en exclusividad por esta especie por los motivos antes explicados. A la derecha parte un estrecho camino en fuerte ascenso por el interior del bosque, donde vuelven a dominar las especies de carácter mediterráneo. Aparecen dos pasos complicados: el primero de ellos se encuentra junto a un área de afloramientos rocosos, donde el camino parece continuar de frente, junto a las rocas, pero realmente hay que dirigirse a la derecha, transitando escasos metros por el lapiaz hasta retomar el sendero de tierra. Más adelante, en una zona con escasa pendiente, se deberá tomar un desvío ascendente a la derecha, obviando el camino de frente.
Ascendiendo por el sendero, se accede a una primera zona herbácea con muy buenas vistas. Tras introducirse nuevamente en una zona boscosa, se llega a una gran pradería de mayor tamaño muy cerca ya del collado que separa las dos cumbres. En este punto se debe atravesar la pradera hasta su límite superior, donde aparece un cruce de caminos. Se continúa por el de la derecha, que se introduce en otra zona boscosa para llegar, casi inmediatamente, al collado entre Peña Ganzo y Buciero. Se trata de una zona muy karstificada, dominada por el matorral y salpicada de encinas, donde se debe prestar atención en no perder el sendero. Unos 100 metros después de salir del bosque, aparece un cruce con dos desvíos. El de la izquierda se dirige a Buciero y Fuerte del Mazo, el de la derecha a Peña Ganzo.
Si se opta por ascender a este último, se deberá bordear por la izquierda un tupido encinar hasta alcanzar una pequeña pradería a los pies de la mayor cumbre del macizo. Desde aquí nos dirigimos a la base de la peña, desde donde atravesamos una pequeña y pronunciada canal para finalmente llegar al hito que señaliza la cumbre de mayor altura del Monte (378 metros). Las vistas desde este pico no son excesivamente buenas, siendo mucho más interesantes las que ofrece la rocosa cumbre del Buciero. Para dirigirnos a él se deberá desandar el trayecto hasta el cruce en el collado, transcurriendo el estrecho sendero entre matorrales y roquedo, hasta finalmente llegar a la cumbre (367 metros), donde se levanta una gran cruz y un mástil. Las vistas sobre la ciudad de Santoña, la playa de Berria y todo el estuario del Asón son espectaculares. Desde este excepcional mirador panorámico se acomete el descenso hacia el Fuerte del Mazo, en un primer momento por un terreno agreste dominado por el roquedo hasta alcanzar un estrecho sendero de tierra que desciende hasta una cabaña abandonada. En el mencionado lugar, tras franquear un cierre en mal estado, solo resta descender por el camino entre los muros de la parcelaria hasta finalizar el recorrido en el Fuerte del Mazo.

Toda la información se ha obtenido de la página web de la Oficina de Turismo de Santoña.