miércoles, 28 de octubre de 2009

Clausura del Taller de Empleo

El pasado 28 de octubre la Vicepresidenta del Gobierno Regional, Dolores Gorostiaga, clausuró nuestro Taller de Empleo. El acto tuvo lugar en el Centro Integrado de Servicios a la Empresa (CISE) situado en el Polígono Industrial de Laredo y contó además con la asistencia de la Directora General del Servicio Cántabro de Empleo, Carmen Díez Marzal; El Alcalde de Laredo, Santos Fernández Revolvo; El Presidente de la Mancomunidad, Joaquín Bonet, así como los alcaldes y alcaldesas de Bárcena de Cicero –Gumersindo Ranero-, Ampuero –Nieves Abascal- , Santoña –Puerto Gallego- y Colindres –José Angel Hierro- , y numerosos ediles de Laredo, Liendo y Castro Urdiales.

En dicho acto, y tras las intervenciones del Presidente de la Mancomunidad, Joaquín Bonet, del Alcalde de Laredo, Santos Fernández Revolvo y finalmente de La Vicepresidenta del Gobierno, Dolores Gorostiaga, ésta misma hizo entrega a todos los componentes del Taller de los correspondientes diplomas acreditativos de la formación recibida.

Como colofón nos fotografiamos todos juntos, autoridades y alumnos, y posteriormente pudimos disfrutar de un lunch en el que aprovechamos para intercambiar impresiones sobre prespectivas futuras de empleo.
Este acto pone fin a un año entero, no solo de trabajo y formación, sino también de experiencias compartidas, de ilusiones, de complicidad.
Por todo ello estamos especialmente satisfechos de la creación de este blog en el que hemos intentado acercar nuestro trabajo a todo el que haya querido asomarse a él,
!Esperamos haberlo conseguido!
Las fotografías han sido tomadas de la página web del "Laredu lin" .

martes, 20 de octubre de 2009

Actuaciones realizadas en la ruta "Colindres - El Regatón"

El pasado jueves día 15 de octubre los alumnos del Taller de Empleo hemos comenzado los trabajos de balizado de la ruta que discurre por el paseo marítimo de Colindres hasta la playa del Regatón de Laredo. Esta senda forma parte de la oferta de rutas guiadas del Centro de Visistantes de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel. Los trabajos se completarán, por parte del personal perteneciente a dicho Centro de Visitantes, con la colocación de balizado horizontal de refuerzo y los paneles explicativos pertinentes a lo largo de toda la ruta.




sábado, 10 de octubre de 2009


PR-S 125 San Julián y Hoya Somante














El municipio de Liendo contiene, en una extensión de 26 km2, playas de extensos arenales, farallones acantilados en los que se refugia el buitre leonado, imponentes macizos calcáreos poblados por encinas y fondos de valle con extensas superficies de mies surcadas por arroyos y ocupadas por asentamientos humanos. El Pequeño Recorrido aquí descrito, muestra al caminante parte de este patrimonio en un recorrido circular de 5 km a realizar en 2,5 horas.

La senda comienza en la zona recreativa del Campo de San Juán, Bº de Villanueva, donde se toma la carretera local que en ascenso lleva hasta la una explanada en un alto frente a la Playa de San Julián y la Peña caliza del Erillo. En este mirador natural se puede descender a la playa y contemplar el Diapiro de Liendo, fácilmente identificable por su color rosado e incluido en el Inventario Nacional de Puntos de Interés Geológico del IGME. Sobrevolando las paredes calizas más próximas se encuentra una valiosa colonia de buitres leonados (Gyps fulvus), de ubicación única en España por anidar en estos escarpados acantilados hasta 90 parejas. El alimoche (Neophron percnopterus), otro buitre migrador, cría en las repisas más remotas y su vuelo lento y majestuoso puede observarse en los meses cálidos. Otras aves propias de estos medios rocosos son el halcón peregrino, el avión roquero, la chova piquigualda y chova piquirroja, el cuervo, etc.
Tomando la pista de tierra que nace a la derecha, el camino conduce hasta la Ermita de San Julián entre una variada vegetación donde en la orla de las plantaciones de eucalipto (Eucaliptus globulus), crecen arbustos de salguera negra (Salix atrocinerea), tojo (Ulex europaeus), brezos (Daboecia cantabrica, Erika vagans, Calluna vulgaris), endrino (Prunus spinosa), etc., así como especies arbóreas propias del encinar. El relieve está dominado por gran variedad de formas de modelado kárstico, resultado del proceso de disolución por el agua de rocas carbonatadas como las calizas y las margas, generando estructuras erosivas como son los lapiaces, dolinas, uvalas, sumideros, cuevas, hoyos o surgencias que tapizan el Monte Candina. La senda tropieza con las ruinas de La Ermita de San Julián, obra arquitectónica más antigua del municipio de Liendo perteneciente a la última etapa del románico (siglos XII-XIII). En su entorno se encuentra una Necrópolis Medieval con restos de un varón en una tumba de lajas.
Continúa el ascenso y al llegar a una cabaña, se observa la Cubeta de San Julián. La vegetación circundante es la propia del encinar cantábrico, bosque singular del paisaje de Cantabria y formación relicta del Terciario, cuando la encina (Quercus ilex) dominaba las masas forestales de la región y el progresivo cambio hacia otro ambiente más húmedo disminuyó su extensión, conservándose hoy este bosque en zonas rocosas y calizas. El encinar está integrado tanto por especies de hoja perenne: laurel (Laurus nobilis), aladierno (Rhamnus alaternus), labiérnago (Phillyrea latifolia) o madroño (Arbutus unedo); como por especies de hoja caduca: espino albar (Crataegus monogyna), avellano (Corylus avellana) o roble (Quercus robur), entre otros. El sotobosque se cierra enmarañado por trepadoras como la madreselsa (Lonicera periclymenum) y la zarzaparrilla (Smilax aspera).


El camino de ascenso se hace ahora empinado, hasta llegar al punto más alto del recorrido junto al collado o Somo Collaríos, donde es aconsejable tomarse un tiempo para contemplar el paisaje costero y la Hoya Somante a pie de Candina (480 m). Comienza el descenso, flanqueando la Hoya Somante hasta llegar a un cruce donde tras tomar el camino de la derecha, el sendero en forma de zig-zag se interna en el encinar hasta desembocar repentinamente en el Bº de Isequilla, donde tomando el camino que sale a la derecha se regresa entre callejas y campos de mies al punto de inicio.

Señalización senda PR-S 125 San Julián y Hoya Somante

A lo largo de las últimas semanas se han llevado a cabo los trabajos de balizado de esta ruta. Las actuaciones comenzaron balizando la senda con las marcas homologadas por la FEDME en blanco y amarillo, en piedras y árboles: señales de continuidad, de giros a derecha e izquierda y de camino equivocado. Como la ruta también pasa por el pueblo se tomaron soportes urbanos tales como postes de la luz para completar la señalización.
Por otra parte y para reforzar el camino correcto y que no haya dudas se han restaurado estacas de madera que ya no servían, retiradas anteriormente en otras rutas, y se han convertido en postes de baliza. Se han cortado a la medida adecuada, lijado, tratado con un protector, barnizadas y finalmente se han pintado con los colores oficiales de la Federación. Una vez hecho esto, se han colocado a lo largo de la senda anclándolas en el suelo con cemento.
Cabe asimismo destacar la colocación de un panel explicativo al principio de la ruta en el que se detallan las características de la senda a recorrer, se inlcuye un mapa de la misma y una explicación de los valores naturales e históricos que ésta contiene (fauna, flora, patrimonio arquitectócino, etc). También se ha colocado una flecha direccional cerca del comienzo de la senda; una placa explicativa sobre una buitrera situada en un alto frente a la Peña del Erillo; y una placa de patrimonio en las ruinas de la Ermita de San Julián.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Interpretación Ambiental y Actuaciones en la Senda Fluvial Río Asón, Ampuero.

Esta senda la componen dos tramos individualizadoa que parten del Puente de Udalla, junto al restaurante "El Salmón". Es una senda lineal de ida y vuelta, de unos cinco kilómetros en total, una duración estimada de dos horas y sin ninguna dificultad.

El primer tramo discurre río abajo, paralelo al barrio El Vear por el tradicional Camino El Vear. En este paseo junto al río Asón están representadas la totalidad de las especies que componen el bosque de ribera tales como sauces (Salix atrocinerea), alisos (Alnus glutinosa) o fresnos (Fraxinus excelsior). También, y un poco más alejados del río, se pueden observar tilos de hoja grande y de hoja pequeña (Tilia platyphyllos y Tilia cordata), avellanos (Corylus avellana), algún roble (Quercus robur), boneteros (Euonymus europaeus), castaños (Castanea sativa), laureles (Laurus nobilis), etc.

El segundo tramo discurre cerca del barrio de Bulco siguiendo el conocido por los lugareños como el Camino de Bulco. Este tramo discurre igualmente paralelo al río Asón hasta llegar a un refugio de pescadores, lugar en el que recientemente se ha habilitado un área como merendero. La vegetación aquí es similar a la del primer tramo. Caben destacar las ruinas de un antiguo molino de agua, donde en la actualidad y casi empapándose del río, alguien ha dispuesto una pequeña huerta familiar.

Durante algún tiempo, los alumnos del Taller de Empleo hemos trabajdo en el diseño y elaboración de la información a incluir en 12 Pies Temáticos sobre la Vegetación de Ribera presentes en este entorno. Y durante los días 13 y 14 de octubre ambas especialidades del Taller procedimos a la colocación de estas 12 placas, 5 en el Camino El Vear y las 7 restantes en el Camino de Bulco, finalizando así las actuaciones conjuntas entre el Ayuntamieno de Ampuero, Junta Vecinal de Udalla y el Taller de Empleo.




Se ha conseguido con esta colaboración por un lado, la puesta en valor de esta senda fluvial mediante paneles interpretativos ("Bosque de ribera", "LIC Río Asón", "El salmón", "El hombre y el río") e identificativos (Placas de árboles de ribera) y por otro lado, la recuperación de un espacio natural como área recreativa y de disfrute de todo aquel que decida acercarse a este magnífico enclave.

domingo, 4 de octubre de 2009


SL-S 2 "Camino del Salticón"


DATOS BÁSICOS
Inicio:La Alameda de Santoña
Tipo de marcha:Lineal
Distancia total: Unos 525 metros
(sólo ida)
Dificultad: Baja.
Desnivel: 140 metros.
Tiempo: Veinte minutos.
Accesos: La Alameda, en la entrada
de Santoña desde la carretera proveniente
de Argoños. Si la senda se hace en el sentido inverso, el acceso se realiza desde el entorno del Fuerte del Mazo, por un pequeño sendero semioculto entre el Fuerte y la pequeña área de estacionamiento.
Aparcamiento: Existe una amplia área de aparcamiento en el entorno de La Alameda, junto al comienzo de la senda.

De las cinco sendas, ésta constituye el itinerario más corto, y adquiere importancia gracias a su condición de enlace entre el núcleo de Santoña y la Red de Sendas del Monte Buciero propiamente dicha. Se trata de un recorrido lineal que transcurre en su práctica totalidad por el valiosísimo ecosistema de encinar relicto, característico del Monte.
Partiendo de La Alameda de Santoña, hay que dirigirse a la bifurcación que parte de la rotonda dirección El Dueso y Berria. Desde aquí, comienza el camino, escondido entre edificios. Tras ascender por unas escaleras, se vislumbra a la izquierda un estrecho callejo entre muros. El ascenso continúa hasta su fin en el Fuerte del Mazo, sobre terreno cementado al principio para, más adelante, alcanzar el encinar. La ruta va penetrando progresivamente en un corredor verde, donde la densidad de la vegetación reduce la luminosidad al mínimo: se atraviesa un espacio definido por el encinar cantábrico relicto de mayor importancia del norte peninsular. El camino queda delimitado a la derecha por un muro separador de parcelas, que acompaña al senderista hasta finalizar la ruta. A su lado, se continúa la ruta hasta que se alcanza una pequeña portilla. Una vez superada, el sendero continúa ganando altura de un modo zigzagueante, y muere en la intersección con el comienzo del camino empedrado que conduce al Polvorín del Helechal y al Fuerte del Mazo.
Toda la información se ha obtenido de la página web de la Oficina de Turismo de Santoña.
SL-S 1 "Ecosistemas de Bosque"



DATOS BÁSICOS
Inicio: Fuerte del Mazo.
Tipo de marcha: Lineal.
Distancia total: 2,1 km (sólo ida).
Dificultad: Baja.
Desnivel: Unos 100 metros
acumulados.
Tiempo: Una hora.
Accesos:Desde el Fuerte de San Martín a través de una estrecha carretera de unos 2 km que conecta con el Fuerte del Mazo. También se puede acceder por el barrio del Dueso por un estrecho vial asfaltado.
Conectividad con otras sendas:Conexión con las otras cuatro sendas de la Red de Sendas del Monte Buciero.

Itinerario de poco más de 2 kilómetros que une el Fuerte del Mazo con Cuatro Caminos y el Faro del Caballo atravesando de oeste a este.Bajo las cimas del Buciero, el frondoso corazón del Monte y su valioso encinar relicto de carácter mediterráneo. La senda parte del Fuerte del Mazo, fuerte napoleónico cuya estructura se adapta al promontorio sobre el que se asienta. El único acceso salvaba un pequeño foso seco mediante un puente levadizo. En 1886 se construyó el edificio mayor de dos alturas, con el fin de que sirviera de pabellón de arrestados. Del Fuerte del Mazo se desciende por un estrecho vial asfaltado en dirección al barrio del Dueso. A la derecha del camino se haya el Polvorín del Helechal, edificio flanqueado por dos torres (cuya finalidad originaria era la de pararrayos), y que actualmente sirve de improvisada estabulación ganadera. Este edificio daba servicio al Fuerte del Mazo.
Al poco de empezar a caminar, a unos 100 metros, se debe tomar un sendero de tierra que comienza a la derecha junto al lindero de la parcela ganadera del Polvorín. Se trata del origen de uno de los caminos históricos de mayor importancia del Monte, utilizado con asiduidad cuando el Buciero se constituía en una plaza militar de gran importancia. Los árboles de escaso porte junto a la maleza envuelven al sendero dando al caminante la impresión de transitar por un verdadero "túnel" de vegetación.
Continuando por el camino se pueden observar diferentes elementos geomorfológicos de origen kárstico, como es el caso de una cavidad subterránea que aparece a la derecha del sendero. Progresivamente el ascendente sendero se estrecha, para, después de un par de revueltas, alcanzar una cabaña en el paraje conocido como El Portillo. Al final de esta zona de prados, ya completamente rodeada por el cada vez más presente encinar, se alcanza una valla de madera que deberá fran­quearse para poder continuar el recorrido. Después de un leve ascenso se accede a una pequeña campa (Collado de Las Cuestas) desde la que se divisa una bella panorámica del Monte. Aquí se puede admirar el extenso bosque que se va a atravesar, así como las cumbres que lo rodean: a la derecha las peñas de Buciero y Peña Ganzo y a la izquierda La Rabona y la Atalaya, coronada por su singular estructura circular de vigilancia. Éste es un buen sitio para descansar y tomar aliento antes de adentrarse en el encinar.
A continuación se toma el camino de frente que atraviesa el bosque de oeste a este obviando otras alternativas. El sendero desciende a una gran hondonada de origen kárstico (dolina o chorco), aunque dada su extensión y densa vegetación, el senderista no perciba este hecho con nitidez. Se continúa por el interior del frondoso bosque por un camino perfectamente visible salpicado de pequeñas dolinas a ambos lados. Una vez internado en el bosque, se transita por un camino bien conservado y de buena anchura entre el intrincado bosque, dominado por la encina (Quercus ilex ilex). Se está atravesando el más valioso encinar costero, relicto o basal del norte peninsular, verdadera reliquia del pasado, que ha pervivido sobre suelos calizos. Durante el Terciario, dominaban prácticamente toda la región; posteriormente con los cambios climáticos del Cuaternario, su distribución se vio reducida a los peñascos calizos más cálidos.
Así, en el sendero se podrá observar el dominio de la encina y su cortejo acompañante (laurel, madroño, labiérnago, aladierno). Esto no es óbice para que se puedan encontrar especies de carácter atlántico aprovechando preferentemente depresiones con un mayor espesor de suelo y concentración de humedad (avellano, roble, acebo), apareciendo, a su vez, algunas especies de alta adaptabilidad (endrino, espino albar, mostajo). Lo cerrado y enmarañado del bosque, donde proliferan las especies trepadoras, hace que se asemeje a una verdadera "selva". Ésto protege a los vertebrados, lo que unido al carácter esquivo de la mayoría de especies, hace muy difícil su observación. Los grandes mamíferos como el corzo, el jabalí o el gato montés eran antaño abundantes, pero la caza continuada ha provocado que sobrevivan solo mamíferos de menor tamaño (ginetas, tejones, comadrejas, zorros o garduñas). Si se presta atención, se podrán observar pequeñas aves como el jilguero, la tarabilla, el mosquitero, el cuco, el herrerillo, o sus potenciales depredadores como el cárabo, la lechuza, el milano negro, el gavilán o el cernícalo.
El camino, de trazado casi rectilíneo, no tiene pérdida en el interior del bosque. Al cabo de casi un kilómetro se llega a un cruce de caminos. De este punto parten dos desvíos a derecha e izquierda, encaminándose este último hacia el cerro de la Atalaya. Sin embargo se debe continuar de frente, ascendiendo levemente para a continuación descender hasta alcanzar Cuatro Caminos, donde finaliza la ruta. Desde este emplazamiento se plantean diferentes alternativas: - Continuar de frente durante unos 200 metros para descender al Faro del Caballo y visitar la batería de San Felipe y sus espectaculares panorámicas. - Regresar al punto de partida por el mismo camino o enlazar con cualquiera de las otras sendas ("Faros y Acantilados" y "Culminaciones del Buciero") que confluyen en Cuatro Caminos.
Toda la información se ha obtenido de la página web de la Oficina de Turismo de Santoña.
PR-S 51 "Tradición Pesquera y Fuertes Napoleónicos"


DATOS BÁSICOS
Inicio: Fuerte de San Martín.
Tipo de marcha: Circular.
Distancia total: 8,5 km.
Dificultad: Baja.
Desnivel: Unos 160 metros.
Tiempo: Dos horas y media.
Accesos y servicios:Parking en el paseo marítimo de Santoña.
Conectividad con otras sendas:
Conexión con los otros cuatro
itinerarios de la Red de Sendas del Monte Buciero.

Itinerario de escasa dificultad por el entorno del núcleo de Santoña que permite recorrer las principales fortificaciones de la época napoleónica y años posteriores (tres fuertes, dos polvorines y dos baterías). Conoce in situ la secular tradición marinera de la villa (puerto pesquero, industrias conserveras, pasaje marítimo) y aproximarse a los valiosos ecosistemas de marisma y encinar costero. La senda parte del final del paseo marítimo, junto al Fuerte de San Martín, cuya construcción actual, que data de 1863, se alza majestuosa sobre la bahía de Santoña, y que, junto al cercano fuerte de San Carlos, defendía la entrada de la bahía de posibles incursiones de tropas enemigas. El uso de este estratégico lugar es muy anterior, pues ya a comienzos del S. XVII los santoñeses habían erigido una fortificación para la defensa de la villa. Tras ascender por unas escaleras que nacen bajo el fuerte se llega a un cruce, donde se debe tomar el ramal de la derecha, dirigiéndose el de la izquierda al Fuerte del Mazo, camino que se tomará posteriormente. A escasos metros aparece otro cruce, en el cual se vuelve a girar a la derecha, dirección Fuerte San Carlos.
En la misma bifurcación, se pueden admirar las dos baterías de Galbanes, la alta junto a la carretera, y la baja, sobre el pasaje marítimo. Localizadas entre ambos fuertes, servían de apoyo y completaban el sistema defensivo que cubría la entrada a la bahía y su fondeadero interior.
A menos de un kilómetro del anterior Fuerte, se alcanza el Fuerte de San Carlos. La fortificación se edifica en 1688 sobre el Castillo de Torrecilla, que las fuentes datan en tiempos de Felipe II. Tras numerosas reformas en el S. XVIII, tuvo un uso muy destacado en tiempos napoleónicos, proviniendo su estado actual de la reforma de 1859.
Desde este punto se debe de retornar nuevamente al Fuerte de San Martín, desde el cual tomamos el ramal de la carretera que asciende al Fuerte del Mazo. A una centena de metros se alcanza la Batería Alta de San Martín, gran explanada desde la que se protegía al Fuerte de San Martín y donde todavía son perfectamente visibles los soportes en los que se instalaron los cañones. Prosiguiendo el recorrido, la pista se interna en el valioso encinar cantábrico relicto del Buciero, llegando al Mirador de Casablanca, a medio camino entre los dos fuertes, con unas excelentes vistas sobre Santoña y el estuario del Asón.
Tras un kilómetro y medio ascendiendo por la pista, alcanzamos el Fuerte del Mazo y el Polvorín del Helechal, localizado en un lugar resguardado para evitar impactos de proyectiles enemigos. El Fuerte del Mazo, recibe también erróneamente el nombre de Fuerte de Napoleón, motivado por la transmisión popular del nombre del Fuerte Imperial de Napoleón, construido simultáneamente al del Mazo y demolido a principios del S. XX para la construcción de los edificios que ahora constituyen el Penal del Dueso. Retomando la senda, habrá que dirigirse al Barrio del Dueso, continuando de frente por la pista asfaltada tras el pequeño desvío al Fuerte. Se desciende paulatinamente, ignorando un ramal que nace a la derecha 500 metros después. Tras otro medio kilómetro, se llega al barrio del Dueso, donde se podrá observar el Polvorín del Dueso, en este caso edificado con la función de abastecer al derruido Fuerte Imperial.
A continuación, desde la pequeña plaza con un área de recreo infantil y unas pistas deportivas, se continúa descendiendo, girando a la izquierda y siguiendo la carretera hasta salir del Dueso y finalizar en un cruce, donde se deberá tomar el desvío de la izquierda. Siguiendo esta carretera, se deja atrás la cantera del Sorbal, continuando unos metros hasta que, a la derecha, junto a un muro de piedra, nacen unas escondidas escaleras.
Bajando por ellas, enseguida se accede a un pequeño sendero de tierra que transcurre junto al perímetro de la Marisma de Sorbal. Se trata de un humedal de agua dulce que se alimenta de las aguas subterráneas del Buciero, a cuyo pie se asienta.
La senda, que discurre entre carrizos y otras especies propias del ecosistema marismeño, finaliza junto a la carretera nacional. En este punto, se vira a la derecha, avanzando 30 metros por el arcén hasta cruzar con sumo cuidado la carretera e introducirnos en el polígono industrial, donde transitando por su perímetro exterior, junto al mar, se observará por un lado la mayor concentración de industria de fabricación de anchoas de España y por otro, excelentes vistas sobre todas las Marismas y el estuario del Asón.
Continuando por el borde exterior del polígono, se alcanza la carretera autonómica CA-241, que atraviesa la Marisma. Siguiendo a la izquierda enseguida se llega al singular y tradicional Puerto Pesquero, con su lonja y el recientemente instalado Mirador de las Marismas con forma de proa de barco. Es en el entorno del puerto, uno de los más emblemáticos y de mayor tradición de la península, donde mejor se puede admirar el gran peso que la pesca y todas las actividades relacionadas con ella siguen manteniendo en la villa marinera. Es por ello muy recomendable el paseo por el puerto y tomarse unos minutos para admirar su entorno desde el mirador.Del entorno del puerto parte el agradable pasaje marítimo que "inducirá al senderista al Fuerte San Martín en unos 20 minutos. Así, bordeando la Plaza de Toros (construida en 1907), se sigue caminando por el pasaje, lo que permite observar la playa de San Martín (a los pies del paseo), las tradicionales actividades de marisqueo, el Monumento a Juan de la Cosa, insigne marinero oriundo de la villa y autor del primer mapamundi, o el embarcadero que une Santoña con Laredo. Así, finalmente llegamos al punto de partida, bajo el Fuerte San Martín. da tradición pesquera y fuertes napoleónicos.
Toda la información se ha obtenido de la página web de la Oficina de Turismo de Santoña.
PR-S 50 "Culminaciones del Buciero"


DATOS BÁSICOS
Inicio: Fuerte del Mazo.
Tipo de marcha: Circular.
Distancia total: 8,5 km.
Dificultad: Media-alta.
Desnivel: Unos 300 metros.
Tiempo: Cuatro horas y media.
Accesos:Desde el Fuerte de
San Martín a través de una
estrecha carretera que conecta
con el Fuerte del Mazo.
Conectividad con otras sendas:
Conexión con los otros cuatro itinerarios
de la Red de Sendas del Monte Buciero.


Observaciones: Alternativa de descenso de la Atalaya: El descenso al camino circular puede resultar peligroso los días en los que el terreno se encuentre embarrado, existiendo una alternativa consistente en desandar hasta el collado anterior al ascenso a la Atalaya y tomar un desvío señalizado, alcanzando tras 1,3 km de descenso Cuatro Caminos, donde se vuelve a retomar la senda.

Itinerario circular que incluye el ascenso a las tres principales cumbres, Peña Ganzo, Buciero y la Atalaya, todas por encima de los 300 metros, y que posibilita la contemplación de sus excepcionales vistas panorámicas. Además, permite conocer los principales ecosistemas presentes en el Monte (encinar costero relicto, acantilados, karst, zonas de cumbres), áreas donde aparecen singularidades botánicas en esta "isla" de bosque mediterráneo (entorno de la mina de hierro abandonada), así como elementos patrimoniales de elevado valor (Atalaya, Fuerte del Mazo).
La senda comienza en el Fuerte del Mazo, a unos 2 kilómetros de Santoña, construido por los ingenieros napoleónicos tras ser tomada la península por un ejército de 4.000 hombres. Desde este punto se toma la pista asfaltada que a la izquierda se dirige a El Dueso. A la derecha se observa el antiguo Polvorín El Helechal, que abastecía al Fuerte del Mazo. Se continúa por la pista hasta que, a menos de medio kilómetro aproximadamente, hay que desviarse por otra pista asfaltada ascendente que se dirige al paraje conocido como Yusa, zona donde se localizan varias explotaciones ganaderas. En la confluencia entre los espacios ganaderos y el encinar aparecen las orlas forestales, espacios de transición y frontera entre los ecosistemas de prados y las masas forestales y que cumple la función de cobijo, zona de alimentación y refugio para varias especies faunísticas. Justo antes de llegar al fin de la pista asfaltada, hay que virar en un camino de tierra que nace a la derecha. Tras sortear un cierre para el ganado, llegamos a una pequeña campa.
En la parte superior derecha de este pequeño claro continúa el ascenso a través del valioso bosque, donde aparecen encinas, laureles o madroños. Tras obviar una senda a la derecha, se continúa ascendiendo por el zigzagueante camino, pudiendo observar ya cerca de la cumbre un singular abrigo en la roca caliza. Finalmente, se alcanza la cumbre (312 metros), sobre la cual se asienta el puesto circular de vigilancia de la Atalaya, cuya estructura actual data del S. XIX. Las vistas panorámicas desde este excepcional mirador natural (se tienen referencias de su uso como oteadero de ballenas ya en el S. XI) son inmejorables.
Desde este punto, se sigue un pequeño sendero que nace al lado contrario del lugar por donde se alcanzó la cumbre, internándose a continuación en un bosque muy tupido y denso. El angosto camino desciende raudo la pendiente totalmente encerrado entre encinas, laureles, madroños y multitud de enredaderas y plantas trepadoras, conectando finalmente con el camino circular que circunvala el monte, (ver en Observaciones: Alternativa de descenso de la Atalaya si este tramo de camino se encuentra muy embarrado y resbaladizo).
Continuando a la derecha llegamos a Cuatro Caminos, donde, a menos que se quiera visitar a la izquierda la Batería de San Felipe y el Faro del Caballo, se seguirá de frente por un hermoso camino que atraviesa el encinar hasta la Casa de la Leña, donde se pueden admirar los espectaculares acantilados y la Peña del Fraile. Para dirigirse hacia Peña Ganzo y el Buciero, se tomará un desvío a unos 50 metros de este emplazamiento. El camino se va internando en el bosque, atravesando un singular "desfiladero", percibiéndose cómo progresivamente varía la composición de la frondosa masa forestal por la que se transita. Este hecho viene motivado por la localización en esta zona, a comienzos del S. XIX, de una mina de hierro a cielo abierto.
Al ser abandonada, las especies atlánticas (avellano, roble, acebo, haya), más adaptadas a las condiciones climáticas actuales, sustituyeron en gran medida a la vegetación preexistente de carácter mediterráneo. Aún son visibles a lo largo del camino pequeñas catas, vestigios de la antigua actividad minera que acabó con la vegetación original.
Siguiendo la senda, se alcanza el singular "Valle de los Avellanos", dolina ocupada casi en exclusividad por esta especie por los motivos antes explicados. A la derecha parte un estrecho camino en fuerte ascenso por el interior del bosque, donde vuelven a dominar las especies de carácter mediterráneo. Aparecen dos pasos complicados: el primero de ellos se encuentra junto a un área de afloramientos rocosos, donde el camino parece continuar de frente, junto a las rocas, pero realmente hay que dirigirse a la derecha, transitando escasos metros por el lapiaz hasta retomar el sendero de tierra. Más adelante, en una zona con escasa pendiente, se deberá tomar un desvío ascendente a la derecha, obviando el camino de frente.
Ascendiendo por el sendero, se accede a una primera zona herbácea con muy buenas vistas. Tras introducirse nuevamente en una zona boscosa, se llega a una gran pradería de mayor tamaño muy cerca ya del collado que separa las dos cumbres. En este punto se debe atravesar la pradera hasta su límite superior, donde aparece un cruce de caminos. Se continúa por el de la derecha, que se introduce en otra zona boscosa para llegar, casi inmediatamente, al collado entre Peña Ganzo y Buciero. Se trata de una zona muy karstificada, dominada por el matorral y salpicada de encinas, donde se debe prestar atención en no perder el sendero. Unos 100 metros después de salir del bosque, aparece un cruce con dos desvíos. El de la izquierda se dirige a Buciero y Fuerte del Mazo, el de la derecha a Peña Ganzo.
Si se opta por ascender a este último, se deberá bordear por la izquierda un tupido encinar hasta alcanzar una pequeña pradería a los pies de la mayor cumbre del macizo. Desde aquí nos dirigimos a la base de la peña, desde donde atravesamos una pequeña y pronunciada canal para finalmente llegar al hito que señaliza la cumbre de mayor altura del Monte (378 metros). Las vistas desde este pico no son excesivamente buenas, siendo mucho más interesantes las que ofrece la rocosa cumbre del Buciero. Para dirigirnos a él se deberá desandar el trayecto hasta el cruce en el collado, transcurriendo el estrecho sendero entre matorrales y roquedo, hasta finalmente llegar a la cumbre (367 metros), donde se levanta una gran cruz y un mástil. Las vistas sobre la ciudad de Santoña, la playa de Berria y todo el estuario del Asón son espectaculares. Desde este excepcional mirador panorámico se acomete el descenso hacia el Fuerte del Mazo, en un primer momento por un terreno agreste dominado por el roquedo hasta alcanzar un estrecho sendero de tierra que desciende hasta una cabaña abandonada. En el mencionado lugar, tras franquear un cierre en mal estado, solo resta descender por el camino entre los muros de la parcelaria hasta finalizar el recorrido en el Fuerte del Mazo.

Toda la información se ha obtenido de la página web de la Oficina de Turismo de Santoña.
PR-S 49 "Faros y Acantilados"



DATOS BÁSICOS
Inicio: Fuerte de San Martín.
Tipo de marcha: Circular.
Distancia total: 12 km.
Dificultad: Baja
Desnivel: 250 metros acumulados.
Tiempo: Cuatro horas.
Accesos: Fuerte de San Martín.
Aparcamiento: parking en paseo marítimo
Conectividad con otras sendas:
Conexión con todos los itinerarios
de la Red de Sendas del Monte Buciero.

Esta senda circular, con una extensión aproximada de 12 km. incluyendo el descenso al Faro del Caballo, destaca en el plano ambiental por discurrir en gran parte por uno de los encinares basales de mayor interés de conservación del Cantábrico, formando parte del Anexo I de la Directiva "Hábitats".Desde el punto de vista paisajístico, cuenta con unos impresionantes acantilados que albergan fauna y flora característica de este ecosistema, y, entre sus valores patrimoniales, son reseñables dos faros decimonónicos, fiel reflejo de la tradición marinera, además de los fuertes y baterías que constituyen otros de los hitos del camino.
La senda comienza al final del paseo marítimo, junto al Fuerte de San Martín, el cual fue edificado sobre un antiguo castillo de tiempos de Felipe II, constituyendo el último vestigio del sistema Carnot. Desde el castillo, unas escaleras ascienden a una carretera bidireccional. Se toma el ramal de la derecha, y, un poco más adelante, se gira a la izquierda. De esta manera, podemos observar junto a la carretera las Baterías Alta y Baja de Galbanes. Pronto, tras pasar varias canteras semiabandonadas, el asfalto deja paso a una pista pedregosa que gana nivel rápidamente sobre los acantilados. A un kilómetro del punto de partida, se divisa el Fuerte de San Carlos. Siguiendo la ascensión, el camino nos lleva hasta una baranda de madera y, justo de frente, se muestra imponente la Peña del Fraile, en cuyo escarpado perfil se adivinan varias cavidades con restos prehistóricos. Cuenta la leyenda que una salva al unísono de todas las baterías y fuertes del monte hizo que se desprendiera la cabeza del "fraile". Más adelante, nos topamos con la Casa de la Leña, y apenas unos metros después, con una boca de vegetación que se adentra en el bosque, en dirección a la antigua mina, que pasaremos de largo. Siguiendo el camino principal, se atraviesa una zona de farallones rocosos y grandes cortados en la roca, hasta llegar a una encrucijada.
En este punto, se gira a la derecha para visitar el Faro del Caballo y la Batería de San Felipe, cuyo acceso requiere un segundo requiebro a la derecha. Desde la Batería se obtiene una fabulosa vista del acantilado, y, a su pie, del Faro del Caballo, de acceso accidentado y costoso, que supone un vertiginoso descenso de casi 700 escalones, 800 si se desciende hasta el mar. Este Faro, puesto en funcionamiento en 1863, se encuentra en la actualidad abandonado. Una vez ascendida la escalinata, y de vuelta a la encrucijada, se tuerce a la derecha para no perder así el camino principal. Durante los dos kilómetros siguientes, se disfruta de un bello bosque de encinas, madroños y laureles, estas dos últimas especies particularmente profusas en esta parte de la senda a favor de unas mejores condiciones ambientales.
En el siguiente cruce debe tomarse el ascendente de la izquierda, y, más adelante, debe obviarse el camino que sigue de frente, y bajar en cambio por el de la derecha, que da paso a una pequeña zona de curvas de fuerte pendiente, por lo que el senderista debe ser aquí especialmente cuidadoso. Un poco más adelante, el camino se ensancha discurriendo ahora entre laureles y madroños, recuperando el carácter rectilíneo, para llegar hasta el Faro del Pescador. Este faro entró en funcionamiento en el año 1864, empleando una lámpara de aceite de oliva; hubo de ser reconstruido y moder­nizado tras sufrir graves daños causados por un ciclón en 1915.
Desde aquí se seguirá la carretera que nace en el camino, para enseguida divisar la playa de Berria y el Penal del Dueso, antiguo Fuerte Imperial de tiempos napoleónicos. También se encuentra en las cercanías la Batería del Águila (tomando en el entorno de la Punta del Águila un pequeño sendero a la derecha de la carretera). Se conservan todavía dos plataformas para artillería y dos estancias para alojamiento y almacén de municiones. Alcanzado el contorno del Penal del Dueso, un desvío permite visitar la napoleónica Batería de La Cueva, situada sobre el arenal de Berria. De vuelta al camino principal se bordea el penal por su flanco izquierdo, llegando al Barrio del Dueso, y después, a su parte alta, dejando en el camino el antiguo Polvorín del Dueso y cogiendo un camino de asfalto a la derecha de éste. Se alcanza así el Fuerte del Mazo y el Polvorín del Helechal, y se continúa por la carretera rodeada de encinas y disfrutando de excelentes vistas panorámicas de Santoña y sus marismas en puntos como el Mirador de Casablanca. Tras recorrer casi 2 kilómetros desde el Fuerte del Mazo, se alcanza la antigua Batería Alta de San Martín y, apenas unos metros más abajo, el Fuerte de San Martín, donde finaliza la vuelta circular al monte, y con ello la senda comentada.
Toda la información se ha obtenido de la página web de La Oficina de Turismo de Santoña.

sábado, 3 de octubre de 2009


PR-S 218 "Senda Ascensión a Montehano"

Montehano es un pequeño monte cónico ubicado en el término municipal de Escalante, en la Costa Oriental de Cantabria, en pleno corazón de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel.

Este monte se encuentra dentro de los límites del Parque Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel, declarado como tal por la Ley 4/2006, de 19 de mayo, de Conservación de la Naturaleza de Cantabria. Se trata del más importante de los humedales cantábricos desde el punto de vista ornitológico al ocupar un lugar estratégico en la ruta migratoria de gran número de aves acuáticas desde su lugar de cría en el norte de Europa hasta sus “cuarteles” de invierno en el sur de Europa y África. Este espacio cuenta también con otras figuras de protección incluidas en la Red Ecológica Europea Natura 2000. Forma parte de la Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA) de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel y Ría de Ajo, además de ser Lugar de Interés Comunitario (LIC) de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel. El conjunto está también incluido en la lista de Humedales de Importancia Internacional del Convenio RAMSAR.

El recorrido comienza junto a la cantera de Montehano, a pie de la carretera CA-241, frente al Convento de San Sebastián de Hano. Declarado Bien de Interés Cultural en 1991, los orígenes del Convento se remontan a la Baja Edad Media, siendo la mayor parte de su estructura arquitectónica del S.XVII.

La senda parte de un antiguo y empinado camino situado entre la propia cantera y las instalaciones de la misma para el machaqueo de la piedra. En funcionamiento desde la década de los cuarenta, ya no se encuentra en explotación. El ascenso se hace entre plumeros (Cortaderia selloana) y una plantación de eucalipto (Eucaliptus globulus) rodeado de una orla de vegetación arbórea propia de los encinares.
Continuando el ascenso, y tras girar en una curva hacia la izquierda, nos situamos ya encima del tajo de la cantera, llegando hasta un mirador natural situado en un pequeño saliente del camino. Aquí merece la pena detenerse y disfrutar de las vistas de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel, con el detalle de la Canal de Ano, los diques construídos para ganar espacio de prado a la marisma, el Convento de San Sebastián de Hano, el Monte Buciero, los arenales de la playa de Salvé, así como los núcleos de población de Santoña, Laredo, Colindres, Treto o Cicero.

El recorrido se adentra ahora en un denso encinar cantábrico. Este ecosistema forestal está dominado por la encina (Quercus ilex) , especie que ocupó amplias superficies en nuestra región en épocas anteriores, apareciendo hoy como una reliquia en las zonas rocosas y calizas , donde encuentra el ambiente árido que necesita.
En su sotobosque, conviven especies propias de ambientes mediterráneos como el laurel (Laurus nobilis), el labiérnago (Phillyrea latifolia), el aladierno (Rhamnus alaternus), el madroño (Arbutus unedo), con otras propias de ambientes atlánticos como el espino albar (Crataegus monogyna), el avellano (Corylus avellana), el roble (Quercus robur), el acebo (Ilex aquifolium) o el rusco (Ruscus aculeatus), entre otros. El entramado se completa con gran variedad de hiedras y lianas, como la zarzaparrilla o la hierba de san Lorenzo y con un florido estrato herbáceo.



Tras continuar la marcha en un ligero zig-zag entre el encinar, se va ganando altura y en poco tiempo se llega a la cumbre, donde esperan las Ruinas del Castillo de Montehano cubriendo una amplia esplanada. Se trata de una Fortificación medieval levantada en el siglo XIII y reconstuida en los siglos XVI-XVII compuesta de una torre con cerca alrededor. Actualmente, se conserva parte de la cerca. El conjunto fue declarado Bien de Interés Cultural en 1993.
Tuvo cierto uso durante la guerra de los Treinta Años (S.XVIII) y posteriormente durante la Guerra Civil española. De esta época se conservan un búnker y una trinchera en las proximidades.